10 amuletos navideños para proteger a la familia en las fiestas

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Por Marcos Nahuel

Siempre sentí que diciembre despierta una energía muy particular. Entre los recuerdos, la emoción, las reuniones familiares y todo lo que se mueve internamente, la vibración se vuelve más sensible y permeable. Por eso, cada año preparo amuletos especiales para proteger el hogar y sostener la armonía durante las fiestas. No son objetos complejos ni difíciles de conseguir; al contrario, la magia más fuerte suele estar en lo simple, en lo cotidiano, en lo que uno toca con las manos y consagra con el corazón. Estos amuletos que voy a compartirte son parte de mis rituales navideños desde hace mucho, y siempre funcionaron como un escudo energético suave pero firme que cubre la casa, la familia, los vínculos y la estabilidad emocional durante diciembre.

El primer amuleto es la estrella dorada, que sirve para atraer claridad y cortar energías densas que puedan interferir en el ambiente familiar. Se coloca en lo alto del árbol o en la entrada de la casa. Para activarla solo necesitás sostenerla entre tus manos y visualizar un rayo de luz cayendo sobre ella mientras repetís: “Estrella que guía, estrella que cuida, iluminá y protegé mi hogar en esta Navidad.” Esa frase despierta la vibración protectora y mantiene alejado todo lo que confunda o altere la paz del hogar.

El segundo es el cascabel plateado, un protector poderoso contra envidias y tensiones familiares. Los cascabeles cortan energía estancada con su sonido. Lo ideal es colgarlos en el picaporte o en un rinconcito del árbol. Para activarlo agitás suavemente el cascabel y decís: “Sonido sagrado, limpiá mi casa, liberá lo pesado y dejá solo la luz.” Ese sonido crea un pequeño campo vibratorio que corta lo negativo apenas entra.

El tercero es la cinta roja navideña, símbolo tradicional de protección energética. Se usa en la muñeca izquierda, en el árbol o atada a la pata de una silla del comedor para blindar las reuniones familiares. Para activarla solo pasás la cinta por la llama de una vela sin quemarla y decís: “Cinta de vida, nudo de protección, que nada malo cruce mi dirección.” Es simple, pero potentísimo.

El cuarto amuleto es la piña de pino, que sirve para resguardar la estabilidad emocional del hogar. Representa el nido, la contención y la unidad. Colocala sobre una bandejita en el centro de la mesa o junto al árbol. Para activarla sostenela y decí: “Semilla eterna, energía que abraza, protegé el amor que vive en mi casa.” Esta piña actúa como un guardián silencioso durante las fiestas.

El quinto es el laurel festivo, un clásico que nunca falla. Protege contra chismes, celos y vibras densas. Podés colocar tres hojas detrás del cuadro principal del living o dentro del arbolito. Para activarlo pasás las hojas por el humo de un sahumo y decís: “Hoja bendita, hoja que cuida, defendé mi casa de toda energía confundida.”

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El sexto amuleto es la campanita dorada, que vibra contra entidades bajas y energías tristes. Colgarla cerca de la ventana ayuda a mover la energía del hogar. Para activarla, tocás la campana tres veces mientras afirmás: “Luz que vibra, luz que limpia, soná en mi hogar y expulsá lo que lastima.” Cada sonido es un pequeño empujón de luz hacia afuera.

El séptimo amuleto es la rama de canela, que protege a la familia y además atrae armonía afectiva. Podés poner una ramita dentro del árbol, debajo del mantel o en la entrada. Para activarla, ungila con una gota de tu perfume y decí: “Cálida canela, dulzura divina, protegé mis afectos y cuidá mi vida.”

El octavo amuleto es la bolsita verde de protección, hecha con un pañuelo o un pedacito de tela. Dentro colocás un granito de sal gruesa, una hoja de laurel y una semillita de anís. Se guarda en un cajón del living o bajo el árbol. Para activarla, sostenela con ambas manos y decí: “Guardiana suave, guardiana fuerte, cuidá este hogar de todo mal y toda suerte adversa.” Este amuleto genera un microcampo protector muy sólido.

El noveno amuleto es el corazón rojo navideño, que protege los vínculos, evita discusiones y suaviza el ambiente durante las reuniones. Podés colgarlo del árbol o dejarlo sobre la mesa. Para activarlo apoyalo sobre tu pecho unos segundos y repetí: “Corazón sagrado, energía que abraza, protegé la unión y llená de paz esta casa.” Funciona especialmente bien en familias con tensiones previas.

El décimo amuleto es el ángel de navidad, un protector general que cuida la casa durante todo diciembre. Lo ideal es colocarlo en un sitio alto, mirando hacia la puerta. Para activarlo encendés una vela blanca a su lado y decís: “Ángel de luz, guardián eterno, rodeá este hogar con tu manto tierno. Nada malo entra, nada bueno se va. Así sea.” Este es uno de los más potentes porque canaliza directamente energía de guía y protección divina.

Cuando termino de preparar mis amuletos navideños, siempre siento la casa más ligera, más brillante, más contenida. Diciembre puede remover muchas cosas internas en la gente, y estos amuletos ayudan a equilibrar, a sostener y a mantener la vibración del hogar alineada con la paz, la unión y la luz. Lo que hace verdaderamente fuerte a cada amuleto no es el objeto en sí, sino la intención que ponemos cuando lo consagramos. Por eso siempre digo: la protección no viene de afuera, nace de vos y se proyecta en todo lo que tocás. Pero estos símbolos ayudan a mantener esa energía viva, firme y constante.

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